Fuerzas Armadas y Proceso Democrático

por Horacio Max Larraín

CONTENIDO

I.- INTRODUCCIÓN.

II.- DESARROLLO HISTÓRICO.

2.0. La influencia alemana.

2.1. El Ejército y los partidos obreros.

2.2. Ruido de sables.

2.3. Los años turbulentos.

2.4. La Geopolítica del Ejército Chileno.

2.5. La Doctrina de Seguridad Nacional.

2.5.1. Seguridad Nacional y Defensa Nacional.

2.5.2. Seguridad y Fuerzas Armadas.

2.5.3. Una observación interesante.

III.- EL RÉGIMEN BUROCRÁTICO AUTORITARIO.

3.0. Características generales.

3.1. El régimen militar chileno.

IV.- LA AUTONOMÍA DE LAS FFAA.

4.0. El concepto de autonomía militar.

4.1. Orígenes de la autonomía militar.

V.- LAS FFAA EN LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA.

5.0. Qué entendemos por transición.

5.1. El rol constitucional de las FFAA.

V.- CONCLUSIÓN.

 

I.- INTRODUCCIÓN.

El presente trabajo tiene por objeto hacer un breve estudio de la relación entre las Fuerzas Armadas chilenas y el desarrollo político democrático del país en el presente siglo.

Se pretenderá hacer un recuento de la evolución que experimenta la relación civico-militar, a partir de la llamada "prusianización" del Ejército chileno, hecho ocurrido a fines del siglo pasado y principios de este siglo y que ha dejado su impronta hasta el día de hoy, a tal punto, que el Ejército chileno parece ser el único heredero de una tradición militar europea extinguida hace ya varias décadas.

Daremos una noción sobre las fuentes que creemos dan origen a una concepción autonomizada y corporativista del estamento militar chileno, a nuestro juicio la influencia de la Geopolítica Prusiana de fines del siglo XIX, efecto que se verá reforzado y reorientado por la Doctrina de Seguridad Nacional surgida durante la Guerra Fría.

Haremos una referencia a la inserción del régimen militar del General Pinochet dentro del marco de los llamados Regímenes Burocráticos Autoritarios latinoamericanos.

Finalmente un análisis conceptual de la autonomización y corporativización militar, para terminar con una conclusión.

Creemos importante señalar que en el transcurso de este trabajo haremos uso del término militares, en forma genérica, incluyendo así tanto al Ejército como a la Armada y a la Fuerza Aérea.

El hilo que une a todo el desarrollo de esta monografía es la relación que se establece entre las Fuerzas Armadas chilenas y el proceso democrático a lo largo de este siglo.

 

II.- DESARROLLO HISTÓRICO.

2.0. La influencia alemana en la formación del Ejército.

Inmediatamente de terminada la Guerra del Pacífico, Chile se abocó a la reorganización de su Ejército. Debido a que esta tarea fue encomendada a oficiales alemanes, la historia ha reconocido ese proceso con el nombre de "prusianización". (Arriagada, 1981, p.72).

En esa época Prusia era considerada la mayor potencia militar europea, la que desde principios del siglo había desarrollado la idea del ejército profesional, bajo la influencia de eminentes militares y estudiosos de la guerra, como lo fueron Scharnhorst, Gneisenau y Clausewitz. La idea central de los creadores del ejército profesional prusiano, era que éste debía ser un instrumento de la política y , por lo tanto, debía estar subordinado al poder político. Creían, también, que la fuerza militar de Prusia requería de una gran identidad entre el pueblo y el ejército.

Este pensamiento, que dominó la mayor parte del siglo XIX, cambió, sin embargo, con el advenimiento del Káiser Guillermo II al trono de Prusia en 1888.

En el ambiente militar del pequeño círculo castrense que rodeaba al monarca, dominaba un profundo desprecio por el Parlamento, el movimiento obrero y el socialismo, a los que se calificaba de antipatriotas y de enemigos del ejército. (Ibidem).

Fue en ése período, en el que dominaba el ambiente mencionado, que el Gobierno del Presidente Santa María inició los primeros contactos con oficiales alemanes, para dar curso a la reorganización del Ejército chileno. La delegación de instructores fue encabezada por el Capitán Emilio Körner, prestigiado oficial de estado mayor, educado en la Academia de Guerra de Berlín, quién pasó a desempeñarse como instructor y subdirector de la Escuela Militar.

Durante la Guerra Civil de 1891, como se sabe, los congresistas revolucionarios fueron encabezados por la Marina, mientras que el Ejército, en su mayoría se mantuvo leal al Presidente Balmaceda. Sin embargo, Körner y algunos otros oficiales se plegaron a los congresistas, en la convicción de que el triunfo de las fuerzas del Congreso permitiría en mejor forma llevar a cabo los planes de reorganización castrense. (Arriagada,p.73).

2.1. El Ejército y los Partidos Obreros.

Aparece claro, hoy en día, que la ideología central del Ejército chileno, así como la de muchos de sus congéneres latinoamericanos, es el anticomunismo, expresado en una doctrina de guerra antisubversiva. Se ha pensado también, que dicha ideología es producto exclusivo del clima de confrontación bipolar que caracterizó al período de postguerra y que dio origen a la llamada Doctrina de Seguridad Nacional, aplicada al ámbito latinoamericano.

No obstante , el autor Genaro Arriagada, en su estudio del tema , desvirtúa esa afirmación en el caso del Ejército chileno, señalando que " ya en los primeros años de este siglo los militares de nuestro país, en un marco histórico e ideológico muy distinto y bajo otra influencia, experimentaron una primera oleada anticomunista y antisocialista ". (Arriagada, p.71).

Desde fines del siglo pasado se constata en Chile la existencia de los primeros movimientos anarquistas y socialistas. Se expresa esto en la aparición de ciertos partidos que influyen en el naciente movimiento obrero y sobre todo en la llamada prensa obrera.

Estas organizaciones manifestaron desde su creación una clara tendencia antimilitar y pacifista. Esto puede explicar el hecho de que el socialismo y su movimiento aparecen en las publicaciones militares de la época como tema de referencia central y de la mayor importancia en la definición política de los militares.

Por lo general, la temática de controversia se centraba en las posiciones respecto a la inevitabilidad de la guerra y la necesidad de los ejércitos.

Paralelamente a esta tónica antisocialista se va desarrollando también, al interior del cuerpo de oficiales, una visión crítica hacia el orden conservador oligárquico.

"Debemos advertir, sin embargo, que este componente antioligárquico, que se iría acentuando en la medida que nos acercamos a 1924, es menos marcado que su congénere antisocialista. Lo que importa destacar aquí, sin embargo, es que ambos coexisten en el tiempo y son compatibilizados en la ideología política de los militares. Agreguemos que ambos desarrollos -el antisocialismo y la visión crítica del orden conservador- fueron abriendo camino a una legitimación de la intervención militar directa en la política, asunto que habría de estallar en 1924". (Arriagada, p.93).

 

2.2. Ruido de Sables.

Hacia 1920, con vistas a las elecciones presidenciales, el sistema de partidos políticos estaba agrupado en dos grandes bloques : La Alianza Liberal y la Unión Nacional o Coalición.

El primero de ellos apoyaba la candidatura de Arturo Alessandri y estaba conformado por los radicales, los demócratas y una fracción liberal. La Unión Nacional, por su lado, estaba integrada por conservadores, nacionales, liberales-democráticos y liberales y habían proclamado la candidatura de don Luis Barros Borgoño, coalición representante de los sectores oligárquicos.

Los resultados fueron poco claros y tras una asonada de violentos

enfrentamientos y negociaciones, finalmente el congreso pleno proclamó a Alessandri como Presidente de la República. (F. Frias V., p.410).

Al gobierno de Alessandri le correspondió enfrentar la profunda crisis institucional en que se encontraba el sistema político chileno. Un parlamentarismo sui géneris, en el que el Presidente de la República seguía siendo personaje central, pero con poderes muy reducidos. Es más propio hablar de un régimen presidencial débil, ya que lo que caracteriza a un régimen parlamentario, a saber, la separación entre las funciones de jefe de estado y jefe de gobierno y además la elección de este último por el parlamento, no se daban en el régimen político chileno de la época.

En marzo de 1924 se realizaron elecciones parlamentarias, en las que la Alianza gobernante salió triunfante.

En vista de la aplastante derrota en los comicios electorales, los jefes de la Coalición oligárquica comenzaron a conspirar y a interesar a algunos jefes militares y navales, con el objeto de dar un golpe que pudiese poner término al gobierno de los partidos democráticos.

La oficialidad del Ejército, reclutada en los sectores de la clase media, y los oficiales de la Escuadra, muy vinculados a los círculos plutocráticos de Valparaíso, sufrían, como todos los funcionarios públicos, de bajos sueldos y pagos tardíos debido a los habituales atrasos en la aprobación de los presupuestos.

Muchos proyectos del gobierno, relativos a mejora de sueldos de las FFAA y de la administración civil o de legislación social, permanecían detenidos en el congreso. (Ibidem).

"Por esto, la oficialidad joven de la Guarnición de Santiago acordó asistir a las galerías del senado, en señal de muda protesta por el despacho de la dieta parlamentaria. Requeridos por el Ministro de Guerra para que abandonaran el local, lo hicieron con ruido de sables y voces". (F.Frias Valenzuela, p.413).

"Caso semejante no se veía en Chile desde los años turbios de la anarquía, cuando el coronel Campino trató de disolver el congreso (1827). La obra de Portales, destruida en lo político en 1891, corría igual suerte en lo militar en 1924". (Ibidem).

2.3. Las turbulencias de los años 25 al 32.

El 4 de septiembre de 1924, ya en franca rebelión, los oficiales constituyeron un Comité Militar deliberante. Se reunieron con el Presidente y acordaron darle su apoyo con el objeto de obtener del Congreso la aprobación de los proyectos pendientes. Alessandri nombró al General Luis Altamirano como su Ministro del Interior.

El Presidente pensó que una vez aprobadas las leyes en cuestión, los militares volverían a sus labores profesionales, pero no ocurrió así, el Comité Militar continuó en funciones, esta vez exigiendo la disolución del Congreso y la depuración política y administrativa del país.

La fuerza armada ya no obedecía a la autoridad civil.

El presidente Arturo Alessandri se autoexiló.

El 11 de septiembre de 1924, después de la partida de Alessandri, se constituyó una Junta de Gobierno integrada por Altamirano, el General Bennet y el Almirante Nef.

Las Fuerzas Armadas asumían la totalidad del poder público, decretando de inmediato la disolución del Congreso y la aceptación de la renuncia del Presidente de la República.

Así terminó el régimen parlamentario y se quebrantó el régimen constitucional que había prevalecido durante más de noventa años. (F. Frias V., p.415).

Manuel Alcántara Sáez, autor que analiza los sistemas políticos latinoamericanos, manifiesta que Arturo Alessandri, quién lideró una nueva coyuntura histórica en Chile, "planteó al sistema político chileno un doble reto : la plasmación de las reivindicaciones sociales en una legislación positiva en la que el Estado desempeñase un papel motor y la reforma constitucional que anulase la pérdida de eficacia del poder público como consecuencia del régimen parlamentario. Sin embargo, la transición hacia un nuevo régimen de gobierno, cimentado sobre la base de separación de poderes y con fuerte predominio del Ejecutivo, se extendió a lo largo de siete años (1925-1932), en los que el caos y la inestabilidad política fueron la nota dominante". (Alcántara, 1989, p.60).

Este período concluye con diecisiete meses de inestabilidad política que sigue a la caída de la dictadura de Carlos Ibañez en 1931, meses caracterizados por cuartelazos y gobiernos provisionales. Las elecciones parlamentarias y presidenciales en 1932, ponen fin a la anarquía y el país volvía a encauzarse por las rutas constitucionales.

Arturo Alessandri fue elegido por el período 1932-1938. "Para poner orden después de la anarquía de los últimos años, el presidente Alessandri hubo de proponerse hacer un gobierno nacional y ejercer efectivamente el régimen presidencial". (F.Frias V., p.429).

Con el objeto de ilustrar el grado de desprestigio en que cayeron las instituciones armadas del país, me permito citar, in extenso, un párrafo de la historia de Frias Valenzuela :

"Para restablecer el régimen civil era indispensable la existencia de una fuerza civil organizada, algo así como la guardia cívica que creara Portales para contener al militarismo. A este fin obedeció la fundación de la milicia republicana, que llegó a contar con 50.000 voluntarios armados y disciplinados, distribuidos en regimientos a lo largo de todo el país. Sus miembros se comprometían a defender por las armas al régimen constitucional; pero la institución no fue bien mirada por la extrema izquierda, a causa de que la mayoría de sus componentes pertenecían a la clase alta o a sectores plutocráticos, conservadores en el terreno económico-social. Sin embargo no puede negarse que cumplió su finalidad, y tan pronto como la hubo logrado, se disolvió voluntariamente (1936)."

2.4. La Geopolítica del Ejército Chileno.

Una de las herencias que dejó la "prusianización" del Ejército fueron las concepciones geopolíticas.

A grandes rasgos, la geopolítica nace como la confluencia de tres factores que influyeron en la resolución de los problemas político-militares del último cuarto del siglo pasado, ellos son : el desarrollo de la geografía y de la conciencia de territorio, el darwinismo social y el nacionalismo de mediados del siglo XIX. Se considera a los estados como organismos biológicos, con vida propia y en lucha permanente por la sobrevivencia y la conquista de espacios vitales (lebensraum).

Una de las características notables de la Geopolítica, en cuanto Ciencia Política, es que aquella habría de inscribirse en un proceso de cuestionamiento de la subordinación militar al poder civil, característico del militarismo alemán de fines del siglo pasado y de las primeras décadas del actual. (Arriagada, p.120).

La idea de la guerra como continuación de la política, acuñada por

Clausewitz, ha sufrido una distorsión y en muchos casos ha llevado a creer, tanto a militares como a civiles, de que en casos de emergencia o conmoción provocados por conflictos, los militares estarían capacitados para tomar la conducción, no sólo de las operaciones militares sino también de la nación en su totalidad.

La doctrina geopolítica alemana alcanzó también a los ejércitos de otros países sudamericanos, entre ellos Argentina, Brasil y Uruguay. No obstante, la doctrina original sufre en nuestros países una modificación, que tiene que ver con una realidad latinoamericana diferente en cuanto a la voluntad expansionista de los Estados. A pesar de los problemas de demarcación limítrofe, en América Latina el problema no es el de la expansión del espacio vital, sino uno de orden interno : la explotación del vasto espacio de cada país, su integración física, la explotación de sus recursos naturales, la industrialización, etc. De modo que el objeto geopolítico de los militares está relacionado con el desarrollo del poder nacional, considerado no como la expansión física del territorio, sino en cuanto seguridad y desarrollo.

Este vuelco de la geopolítica hacia un objetivo que en esencia es de política interna no alteró, sin embargo, la idea de la presencia de la guerra que, como se ha visto, está en el centro de esta disciplina. La geopolítica, en su revisión sudamericana, siguió considerando que, con o sin intercambio de fuego, todo es guerra. Los enemigos se ubicarían ahora principalmente en el frente interno, como en el caso de los comunistas, actuando al interior de la sociedad pero al servicio de una estrategia internacional de lucha por la hegemonía mundial. (Arriagada, p.124).

2.5. La Doctrina de Seguridad Nacional.

Durante la década del 50, el supuesto de la colaboración entre los militares latinoamericanos y los de Estados Unidos había sido la amenaza de una agresión soviética a través de una operación bélica convencional. Tal era el fundamento del que había nacido el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y también el de algunos ejercicios militares conjuntos, los que se centraban fundamentalmente en la guerra antisubmarina. (Arriagada, p.170). Sin embargo, estaba claro, la agresión comunista no revestiría solamente las formas convencionales de la guerra sino que agregaría una variante de guerra interna, cuya naturaleza y características había que definir y estudiar. El fenómeno de la Revolución Cubana y el guevarismo derivado parecían confirmar los peores augurios.

Nace así la Doctrina de Seguridad Nacional, concepto que engloba la protección de los miembros de una nación, no solamente contra peligros y enemigos externos sino también contra enemigos internos, es decir, generados en el seno propio de la sociedad y que buscan su destrucción mediante luchas subversivas.

2.5.1. Seguridad Nacional y Defensa Nacional.

Con el surgimiento de la Doctrina de Seguridad Nacional en los años sesenta, se produjo una confusión entre los términos Seguridad y Defensa. Hasta ese momento parecía haber un claro concepto de la Defensa Nacional como una función desarrollada por el Estado para alcanzar la seguridad frente a la agresión exterior, en el cual el instrumento militar cumplía un rol protagónico. (Estévez, 1987, p. 39).

En un contexto democrático, la Seguridad Nacional tiene un componente externo cuyos instrumentos específicos son el Servicio Diplomático y la Fuerzas Armadas y un ámbito interno, de seguridad interior, en que el Estado puede hacer uso de las Fuerzas de Orden y Seguridad Pública, entre otras instancias jurídico-políticas.

De modo que la Defensa Nacional es una parte de la Seguridad Nacional que tiene que ver con el ámbito externo.

El cambio de eje de polarización, desde el conflicto ideológico bipolar que caracterizó a la Guerra Fría hacia un escenario de globalización, en un mundo multipolar, no parece haber contribuido a aclarar la confusión conceptual antes señalada. Mas bien se ha intentado readaptar el rol de la Defensa Nacional a uno de sobreprotección que provee de seguridad al cuerpo social, no sólo en situaciones de conflicto externo, sino que en todo tipo de conflictos, que pongan en peligro la estabilidad y que amenacen con interferir en el cumplimiento de las metas de desarrollo, muchas veces entendido sólo como desarrollo económico.

La noción decimonónica de la "defensa total" superpone la Defensa Nacional sobre la Seguridad Nacional, fundiéndose y confundiéndose ambos conceptos, al mismo tiempo que al conflicto - connatural al juego democrático - se le mira con suspicacia.

2.5.2. Seguridad y Fuerzas Armadas.

La diferenciación anteriormente expuesta, entre seguridad nacional y defensa nacional, desde un punto de vista conceptual pareciera ser más compleja que desde una perspectiva instrumental. A pesar de esto, en muchos países latinoamericanos, las fuerzas armadas se consideraron aptas para elaborar las políticas y estrategias de seguridad nacional, elevada a valor supremo y que ellos consideraron un fin esencial, asumiendo entonces la conducción nacional. Esto parece ser producto de una distorsión del pensamiento de Clausewitz, como lo indico más arriba. Los autores David F. Roth y Frank L. Wilson estiman que "el papel de los militares en la confrontación de amenazas a la seguridad interna conduce más fácilmente a la interferencia en la política interna". Y agregan, "el uso persistente de los militares para el control de los desórdenes políticos internos los politiza a menudo aunque tengan una experiencia anterior de neutralidad política". (Estévez, p.36).

2.5.3 Una interesante observación.

Los españoles Bañón y Olmeda , distinguen la existencia de dos tipos de organizaciones militares.

La organización cerrada, de tipo tradicional, es aquella que niega la legitimidad del autogobierno social y que percibe la amenaza a la existencia del Estado-nación en su interior, hacia donde dirige su atención organizativa, esgrimiendo la teoría del enemigo interior.

La segunda es la organización militar competitiva, abierta al cambio tecnológico y social, que acepta como normal el pluralismo político y los conflictos de intereses, limitando su rol a la subordinación al poder político civil, percibiendo al enemigo potencial en el exterior, situándolo por lo tanto en el escenario internacional.

La percepción de la amenaza por parte del estamento militar da origen a dos formas de relación civico-militar.

Cuando la percepción de la amenaza está ubicada en el escenario internacional, existe una relación intensa con la sociedad, la movilización de recursos humanos suscita actitudes sociales de solidaridad y consenso, la subordinación política es efectiva y sirve a los propósitos cohesivos, y el poder político ejerce influencia normativa y presupuestaria.

Por el contrario, cuando la amenaza se percibe en el escenario nacional, la relación de las fuerzas armadas con la sociedad, se traduce en un aislamiento paulatino que redunda en el corporativismo, el debilitamiento de la cohesión militar, la pérdida de legitimidad y el temor como actitud social; la subordinación política es insegura, instalándose la coerción permanente y el golpismo latente como forma de interacción con el poder político. (Ibidem).

Morris Janowitz , considera que en las democracias, las relaciones cívico-militares están basadas en la supremacía del poder civil, la cual depende de la separación organizativa estricta entre fuerzas armadas (ámbito externo) y fuerzas de seguridad y policiales (ámbito interno). (Ibid.).

 

III.- EL RÉGIMEN BUROCRÁTICO AUTORITARIO.

3.0 Características generales.

Durante más de dos décadas, a partir del golpe militar en Brasil en 1964, se produce en Latinoamérica una serie de regímenes autoritarios, conocidos bajo el nombre de Regímenes Burocráticos Autoritarios. El nuevo autoritarismo en el continente fue estudiado por diversos cientistas políticos y sociólogos, bajo el patrocinio del Centro Internacional Woodrow Wilson de Investigaciones., destacando entre ellos Guillermo O’Donnell, politólogo argentino, quién fue el primero en usar el término en la década del 70. Según O’Donnell, el nuevo estado burocrático tiene las siguientes características generales:

(1) Es, primero y ante todo, garante y organizador de la dominación por parte de la alta burguesía oligopólica y transnacionalizada.

(2) El dominio coercitivo está a cargo del estamento militar, cuya misión es restaurar el "orden", aliado a una clase de tecnócratas cuya función es la "normalización de la economía".

(3) Es un sistema de exclusión política de un sector popular previamente activo.

(4) Esta exclusión implica la supresión de las instituciones de democracia política, entre estas, los partidos políticos.

(5) Una concepción organicista, que ve a la nación como una sociedad enferma, contaminada por múltiples enemigos internos.

(6) Es un sistema de exclusión económica del sector popular.

(7) Promueve un crecimiento de la transnacionalización de la estructura productiva.

(8) Por medio de sus instituciones se esfuerza por "despolitizar" las cuestiones sociales. (G. O’Donnell, p. 295-297).

3.1. El régimen militar chileno.

La mayor parte, sino todas las características descritas más arriba, se ajustan al régimen militar chileno producto del golpe de 1973. Si bien es cierto que las críticas y autocríticas a los regímenes democráticos precedentes apuntan hacia una crisis institucional del sistema político sustentado en la Constitución de 1925, no es menos cierto que la irrupción del estamento militar obedece también a una dinámica enraizada en la Doctrina de Seguridad Nacional que prevaleció a nivel continental. De otro modo no se explicaría el surgimiento de los regímenes burocráticos autoritarios en tantos países , en un período de tiempo acotado , como asimismo su posterior extinción.

 

IV.- LA AUTONOMÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS.

4.0. El concepto de autonomía militar.

El autor Felipe Agüero, en su artículo "Autonomía de las FFAA en el autoritarismo y la democracia en Chile", dice : "Entendemos por autonomía militar, en primer lugar, la formulación independiente de objetivos por parte de las fuerzas armadas".

4.1. Orígenes de la autonomía militar.

La brecha entre el ideal militar y el país real dio base a la creciente crítica por parte de la Fuerzas Armadas al sistema político y a la incapacidad de la oligarquía para enfrentar el desarrollo nacional y los problemas sociales.

Propuestas en favor del desarrollo industrial del país, más una

autoconcepción de las instituciones militares como fuerza centrípeta de los mejores valores patrios, constituyen los primeros elementos de corporatización. Aquí se encuentran las causas que subyacen la intervención política en la década del 20. (Agüero,p.169-170).

El movimiento civilista que se genera en los años 30 influye profundamente en el modo cómo las Fuerzas Armadas se reinsertan en la institucionalidad. Hay un esfuerzo por despolitizarlas, disciplinarlas y promover el constitucionalismo y la no-deliberación.

No obstante, las autoridades civiles carecían de los elementos de dirección en el área de la Defensa Nacional capaces de proporcionar un sentido sustantivo a la subordinación militar y a la actividad de las Fuerzas Armadas, aspecto que redundó en un aislamiento del cuerpo castrense de la sociedad civil, generando un proceso autorreforzado.

Durante el período de posguerra se crea un sistema de alianza hemisférica que se implementa con los tratados de asistencia recíproca.

Las Fuerzas Armadas chilenas establecen una forma de relación autónoma y horizontal con el sistema militar interamericano, aspecto que para los gobiernos civiles les resolvía, por un lado, parte de los costos de equipamiento e instrucción y por otro lado, su relación con sus propias Fuerzas Armadas, por medio de la delegación de la dirección de la actividad castrense en un agente extranjero.

De esta manera, las Fuerzas Armadas quedaron insertas en un sistema defensivo de carácter ideológico, que no coincidía con la modalidad pluralista del sistema político interno.

Esto genera un nuevo proceso de autonomización y de corporatización.

 

V.- LAS FUERZAS ARMADAS EN LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA.

5.0. Qué entendemos por transición.

En palabras de G. O’Donnell y Philippe C. Schmitter, la transición es el intervalo que se extiende entre un régimen político y otro. "Las transiciones están delimitadas, de un lado, por el inicio del proceso de disolución del régimen autoritario, y del otro, por el establecimiento de alguna forma de democracia, el retorno a otro tipo de régimen autoritario o el surgimiento de una alternativa revolucionaria". (O’Donnell y Schmitter, p.19).

Visto así, la transición, en el caso que nos interesa, puede extenderse entre el plebiscito de octubre de 1988 y la asunción al gobierno del Presidente Aylwin.

Desde la perspectiva de la consolidación del régimen democrático, la transición está aún en curso y, a nuestro juicio, sólo se daría por completada una vez que se deroguen todas aquéllas disposiciones constitucionales y sus instancias asociadas, que representan un enclave del antiguo régimen autoritario en el sistema actual, las cuales tienen la capacidad de revertir decisiones importantes, entrabando la libre expresión democrática de las mayorías.

5.1. El rol constitucional de las FFAA.

El Artículo 90 de la Constitución Política de la República de Chile de 1980, establece que "Las Fuerzas Armadas están integradas sólo por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, existen para la defensa de la patria, son esenciales para la seguridad nacional y garantizan el orden institucional de la República".

Se puede apreciar un rol que va más allá de la Defensa Nacional, es decir, la defensa en contra de un enemigo externo. Su función se extiende hasta cubrir también la Seguridad Nacional, entendida en su ámbito externo e interno.

En cierto modo, la disposición constitucional da un carácter de organización militar cerrada, según lo definen los españoles Bañón y Olmeda y que se mencionan en el capítulo segundo de este trabajo.

El mismo articulado otorga a las FFAA el rol de garantes de la institucionalidad de la República, función, que en situaciones agonales o de crisis, las cuales no son ajenas a los regímenes democráticos, puede ser utilizada en forma discrecional.

 

VI.- CONCLUSIÓN.

En la presente monografía hemos visto algunos aspectos de la forma en que se desarrolla la interacción entre el régimen político civil y las Fuerzas Armadas en el presente siglo.

Nuestro punto de partida fue un recuento y análisis de la influencia alemana en la reorganización del Ejército chileno, la llamada "prusianización", la que habría de dejar una impronta indeleble en la institución.

El antisocialismo y antianarquismo datan de aquélla época, como asimismo, las concepciones geopolíticas de cuestionamiento de la subordinación militar al poder civil.

Las primeras manifestaciones de la autonomía y corporatización militar se dan durante las crisis de mediados de los años 20. Más concretamente, con el pronunciamiento militar del 5 de septiembre de 1924, conocido como "ruido de sables".

El restablecimiento del orden constitucional en 1932, lleva a las Fuerzas Armadas a una etapa de aceptación de la supremacía del poder civil.

En el período de posguerra se establecen relaciones horizontales con el sistema militar interamericano, otorgando mayor autonomía al establecimiento militar, al tiempo que las antiguas concepciones geopolíticas sufren una revitalización con la adopción de la llamada Doctrina de Seguridad Nacional.

La contradicción que representaba la inserción en un sistema defensivo ideologizado a nivel continental y la pertenencia a un sistema democrático multipartidista polarizado, se resolvió en favor de la primera.

La Constitución vigente corrige en alguna medida las debilidades institucionales que dieron paso a la crisis política que concluyó con el golpe militar de 1973. Sin embargo, no hace lo mismo con vistas a prevenir sucesos similares a este último sino, por el contrario, da carácter legal a una posible intervención militar en el futuro.

A nuestro juicio, la estabilidad democrática actual está fundamentalmente supeditada al éxito del país en la esfera económica. Ciertamente que hay consenso en cuanto al tipo de sistema económico y sistema político democrático vigentes y que la actividad de los actores políticos y sociales sigue causes fundamentalmente de entendimiento y negociación. Por lo demás es difícil esperar otra actitud, luego de un período prolongado de confrontaciones violentas.

Sin embargo, se debe tener presente que las bonanzas económicas son cíclicas, y en este sentido es posible pensar que una coyuntura internacional negativa puede tener serias consecuencias económicas, políticas y sociales, tal que afecten la gobernabilidad democrática del país.

La democracia se prueba en las coyunturas críticas y no en las bonanzas. Las reformas constitucionales para mantener al estamento militar alejado de tentaciones intervencionistas son necesarias, pero no suficientes.

A mi juicio, es la autoridad política civil la que debe tomar la iniciativa en el área de Defensa Nacional, con el objeto de proporcionar un sentido sustantivo a la subordinación militar.

La así llamada modernización del Ejército, no puede ni debe ser objeto de una autogeneración institucional, ni menos bajo el sello personal de su jefe. A mi entender la autoridad civil deberá repensar la Defensa Nacional con vista a dos objetivos : en primer lugar la modernización efectiva de la estructura regimental, en base a una planificación de fuerzas con miras a la formación de agrupaciones de defensa multidisciplinarias por teatro de operaciones, que necesariamente debe llevar a término la figura de comandante en jefe institucional, como se conoce hoy, y en segundo lugar, asegurar y garantizar en forma estructural la preeminencia del poder civil por sobre el poderío militar.

Horacio Max Larraín Landaeta

BIBLIOGRAFÍA

(1) Arriagada Herrera, Genaro. "El pensamiento político de los militares". Editorial Aconcagua. Santiago. 1981.

(2) Alcántara Sáez, Manuel. "Sistemas políticos de América Latina". Editorial Tecnos S.A. Madrid.1989.

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(4) Estévez E., Eduardo. "Seguridad e Inteligencia en el Estado Democrático". Fundación Arturo Illia para la democracia y la paz. Buenos Aires. 1987.

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(6) O"Donnell, Guillermo y Schmitter , Philippe. "Transiciones desde un gobierno autoritario". Editorial Paidos. Buenos Aires. 1988.

(7) Agüero, Felipe. "Autonomía de las Fuerzas Armadas en el autoritarismo y la democracia en Chile". Editorial Nueva Sociedad. Caracas. 1988. Compilado por Augusto Varas.

(8) Varios autores. "Democracia en Chile, doce conferencias". Cieplan. Santiago. 1986.

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