¿Qué queda hoy del marxismo?

por MGCh.

a) El marxismo en su matriz

b) ¿Qué queda hoy del marxismo?

c) ¿Se puede seguir hablando de lucha de clases?

d) Conclusiones ¿Caída de un modelo o de un método?.

 

La herencia del Marxismo

El debate actual en política y economía consagra al pensamiento marxista la categoría de fósil histórico, negando su legado, como así también los aportes que hizo a la cultura del mundo occidental. Los seguidores del pensamiento liberal rápidamente pusieron lápida a toda una vasta escuela de pensamiento que generó ideas en todas partes del mundo, confundiendo la crisis de las dictaduras políticas comunistas (1989), con el fracaso de todo un corpus filosófico. Lo que cayó fue la lectura monolítica del marxismo consagrada en la ex URSS, y articulada sobre gobiernos de fuerza, pero no las ideas de todos los pensadores que hicieron de Marx una base de estudio, pero no una teología de la realidad. Es verdad que el marxismo es sólo una explicación a los fenómenos del mundo moderno, con innumerables fallas o interpretaciones no aplicables hoy en día, pero es innegable que muchos de los fenómenos que logró explicar siguen todavía vigentes, como también un gran número de los conceptos que salieron de su matriz. Este trabajo intenta redescubrir que tanto de esta herencia es posible hallar actualmente.

a) El marxismo en su matriz

Gran parte de las definiciones y de las ideas expuestas en este punto, forman parte de distintas ponencias sobre la crisis del marxismo, guardadas por el anuario Hispano Cubano de Filosofía, especialmente del trabajo del profesor Rafael Plá León.

En siglo y medio de existencia del sistema de ideas conocido por «marxismo» ha habido oportunidad suficiente para el despliegue de diferentes formas, que reclaman la representación de lo más esencial de esta doctrina. Lo que sea el marxismo importa definirlo, ante todo, porque se está decidiendo aquí la orientación que se le imprime a la actividad política, que en gran medida se ha alimentado de conceptos surgidos del seno de esta corriente de pensamiento económico y sociopolítico.

¿Es ciencia, filosofía, doctrina política, catecismo religioso o algo distinto?. No se tomará en cuenta esta polémica . Sólo nos interesa recalcar aquello que todavía hoy perdura del marxismo, aunque sólo sea en términos de lenguaje.

La dificultad mayor a la hora de definir lo que sea el marxismo es el amplio espectro de esferas en donde sus creadores le dieron origen. La división social del trabajo, que todavía nos impone un modo de vida y de conducir nuestra actividad a nosotros mismos, no impidió a personalidades como Marx y Engels desarrollar su actividad intelectual por esferas que comúnmente aparecen distanciadas.

Así, el «marxismo» suele confundirse con el comunismo, con la filosofía, con el movimiento obrero, y con otras cosas semejantes, los cuales no son precisamente idénticos a él. Pero, para todo aquel que reconozca la evidente diferencia entre un movimiento social real (el movimiento obrero, por ejemplo, que se manifiesta en huelgas, asociaciones, congresos, etc.) y su expresión teórica general (obras filosóficas, económicas, políticas, documentos) podrá comprender que cuando se habla de «marxismo» nos estamos refiriendo a un fenómeno del segundo tipo, es decir, a un fenómeno intelectual. Es cierto que el marxismo tendría una estrecha relación con el movimiento obrero, o con los partidos comunistas formados en su seno; pero esto no es motivo para no saber distinguir que son cosas diferentes y que su identificación obedece a circunstancias muy concretas y específicas.

En lo que se refiere a la definición del cuerpo teórico del marxismo, «filosofía», «ciencia» y «doctrina política» parecen ser los términos más atrayentes para designarlo; pero, a decir, verdad, ninguno de ellos refleja la totalidad de sentido que exige la expresión. El marxismo se basa -en gran parte- en la filosofía de Hegel, pero no se puede afirmar que el marxismo sea un corpus filosófico . Lo mismo ocurre con otros dos términos: el marxismo se fundamenta, o trata de fundamentarse científicamente , pero propiamente hablando no puede decirse que sea una ciencia; tiene una doctrina política propia, sin dudas, pero es algo distinto del conocimiento científico-experimental.

Me parece lo más prudente, en este caso, asumir aquella definición de Lenin: «El marxismo es el sistema de las ideas y la doctrina de Marx». Por supuesto que si no nos detenemos a examinar cada momento de la definición en relación con lo que no dice, la definición -por fuerza- parece algo trivial.

Al definir al marxismo como «sistema de ideas» se pone énfasis en el lado ideológico del fenómeno; pero, en su carácter de sistema, se está recalcando su complejidad (es decir, el hecho de que este sistema está constituido por ideas de distinto carácter y origen). Estas ideas en su concatenación, van dando lugar a la doctrina marxista: una serie de conclusiones que se derivan lógicamente de las investigaciones realizadas por Marx y de la aguda observación de la vida de su tiempo.

La figura de Marx entra en la definición no con carácter excluyente, sino como arquetipo de ese sistema de ideas. Por supuesto que si el marxismo se presentara sólo como las ideas de su fundador (y así lo han entendido muchos), la autoridad política e intelectual determinaría sobre la actividad vital de quienes decidieran adoptar el marxismo como ideología. Más que un sistema de ideas ,sería un sistema de dogmas y una doctrina religiosa. Pero este no es el caso, a pesar de que el marxismo ha sido utilizado así por muchas corrientes contemporáneas.

Otros pensadores y revolucionarios marxistas exponen ideas originales que ameritan un serio estudio para determinar hasta qué punto puede decirse que desarrollaron la experiencia de pensamiento marxista. Gramsci, Lukacs, , Trotsky, Bujarin, Mao, Sartre; y de los americanos: Mariátegui, Marinello, Che Guevara pueden incluirse en la tradición marxista de pensamiento luego que se definan responsablemente (sin los apasionamientos propios de la lucha política) sus propios esquemas de pensamiento tomando el de Marx como referencia.

Evocar la figura de Marx en la definición de marxismo no lleva otro sentido que el de determinar el esquema de pensamiento que marca esta corriente. De lo contrario, desaparecerían las características particulares que lo diferencian de otros esquemas de pensamiento. La referencia constante de todo marxista al pensamiento de Marx se justifica cuando lleva la misión de la identificación de ese esquema. Y esta tarea es justificada mientras no se haga en el espíritu de secta que excluye, sino en el espíritu lógico de la coherencia de pensamiento (condición práctica indispensable para la coherencia de acción).

La definición del marxismo como «el sistema de ideas y la doctrina de Marx» implica a su vez situarse en otra importante idea de Lenin: «El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés.». Para comprender el marxismo, es imprescindible situarse en sus antecedentes teóricos inmediatos y entenderlos como fuentes teóricas e históricas, y no como simples antecedentes.

Por supuesto que no fueron sólo movimientos de ideas los que dieron lugar al marxismo. Decir eso sería desconocer soberanamente el proceso real de su formación. Fue el movimiento real de la clase obrera a principio de esta siglo y el contacto directo con éste, lo que posibilitó -en definitiva- que el pensamiento de Marx tomara la forma que tomó. Lo que aquí se trata de decir, es que el marxismo, a diferencia de otras muchas concepciones que intentaban predominar en el movimiento obrero, era una doctrina teóricamente coherente, situada en el plano de lo que se entendía como ciencia en su época y no en el de una simple ideología, es decir, situada en el plano del conocimiento de una realidad tangible y no en el de una ilusión idealista.

Para el profesor Plá, no existe una filosofía marxista, sino que una filosofía en el marxismo. Lo original en Marx, fue la creación del materialismo dialéctico, como resultado de la interpretación que otorgó a la dialéctica hegeliana. Este descubrimiento se hizo gracias a la nueva visión de la historia a la que llegaron Marx y Engels y que constituyó, según Lenin «el gran descubrimiento de Marx en filosofía». Tenemos, finalmente, dos elementos que nos brinda la filosofía del marxismo: la comprensión materialista de la historia, que nos lleva a poder distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto e intentan resolverlo. Marx descubrió que estas fuerzas ponían en movimiento a la sociedad, y que tarde o temprano la revolucionaban en la dirección que las nuevas formas productivas exigían. Entonces, el materialismo histórico entrega el marco para comprender la realidad, mientras que el materialismo dialéctico los instrumentos para transformarla.

b) ¿Qué queda hoy del marxismo?

Primeramente, un cierto realismo para entender el mundo. Marx sigue siendo importante por su pertinaz atención a las estructuras, sobre todo a las de propiedad. Falló en no darse cuenta de todo el peso del mundo político. Para él, resolver el problema del poder económico era sinónimo de enderezar todos los entuertos del poder. La realidad dictó lo contrario. Muchos dicen que se debe reaprender de Marx el no aislar un aspecto parcial de la realidad y a percibir en toda su dimensión las condiciones en que se desenvuelve el desarrollo material de las sociedades.

Algunos marxistas prefieren atenerse a los manuscritos del joven Marx y conservan su gusto individualista-personalista y la filosofía de la libertad que le anima. Marx apenas habla explícitamente en términos de liberación. Surge la duda de si Marx constituye la mejor fuente para una filosofía de la libertad. En todo caso, no deja de ser interesante ver a hombres -que aun quieren serle fieles- optar precisamente por el tema del desarrollo personal y de la liberación como una de sus mayores aportaciones.

Tanto marxistas como ex-marxistas plantean que es necesario conservar de Marx su crítica del capitalismo. Si el pensamiento de Marx va más allá en su intento de superar las contradicciones del capitalismo, permanece irreemplazable para comprender críticamente dichas contradicciones. Hoy nos consta que existen otros factores del poder económico, además de la propiedad y el dominio sobre el otro.

Marx posee el mérito de haber logrado que el capitalismo apareciese tal como es: un fenómeno acumulativo a favor del que detenta el poder económico. Sólo hoy en día una revalorización del papel del Estado puede subsanar los abusos de un sistema económico que no está orientado hacia la libertad de las personas, sino de las inversiones: "Certera la intuición de Marx sobre el capitalismo: este mecanismo de acumulación en beneficio de los detentadores del capital es fatal sin un control social. Dejado a sí mismo, agrava, hasta el límite de la conflictividad social, las desigualdades de todo tipo".

Existe otro concepto creado por Marx, que resulta hoy en día de gran validez, y que se refiere más a la condición humana y a la sicología social, que a las estructuras materiales que le dan cabida en la Historia. Marx posee un agudo sentido de la alienación; el peligro de que el hombre se pierda precisamente con con lo que persigue; sea esto producto del trabajo, del ingenio, de la ciencia o de los avances de todo tipo. Todo esto puede volverse contra él. La historia se muestra "dialéctica" en un sentido de perdición y no de crecimiento. El concepto de "alienación" resulta, pues, de gran valor. Esto lo comprobamos diariamente con la influencia que poseen los medios de comunicación en nuestra vida, con el individualismo y consumismo desatado entre nosotros, al punto de que nada más importa que trabajar para comprar, y así permitir que el mundo siga girando.

c) ¿Se puede seguir hablando de lucha de clases?

El Manifiesto Comunista de Marx y Engels comienza con una afirmación teórica: "Toda la historia humana es, hasta el día, una historia de lucha de clases" y acaba con una llamada a la acción revolucionaria: "¡Proletarios de todos los países uníos!". El marxismo es una teoría de la sociedad y de la historia estrechamente vinculada a una práctica revolucionaria que pretendía la superación del capitalismo y la construcción de una sociedad sin clases.

Para muchos, el hundimiento del bloque socialista, la expansión mundial del capitalismo y el abandono generalizado de las estrategias de lucha inspiradas hasta ahora en la tesis marxista, deben comportar -también- el descrédito definitivo del grueso de las teorías marxistas y entre ellas la doctrina central de la lucha de clases.

Desde el bando liberal lo sucedido confirma lo irreal del marxismo y, según escribe Mario Vargas Llosa: "la idiotez incurable de quien continúe manteniendo las principales tesis marxistas".

Por otro lado, en la izquierda latinoamericana -antes revolucionaria- se consolidan tendencias socialdemócratas que, habiendo renunciado a la lucha armada y a la idea de revolución, prefieren reconocer las virtudes del mercado y la necesidad del derecho a la acumulación como principal inductor de la producción de riqueza, base material para una posterior redistribución. Desde esta perspectiva reformista, la izquierda debe optar sin complejos por los agentes económicos capaces de crear riqueza (empresarios, multinacionales...) en detrimento de las clases más débiles (desempleados y marginados), y debe plantearse el objetivo no ya de sustituir el capitalismo sino de atemperarlo mediante políticas sociales redistributivas al estilo de las socialdemocracias europeas. Este, se supone, es el camino más realista y más prometedor para la izquierda; es más, hay quien asegura que los valores de la socialdemocracia que esgrime esta nueva izquierda van impregnando paulatinamente las declaraciones y algunas de las actuaciones de los mismos gobiernos y las instituciones (Banco Mundial, FMI...) que hasta hace poco sólo sabían de crudo neoliberalismo: "las ideas de la izquierda comienzan a remontar la cuesta de la hegemonía cultural en América Latina (...)Es como si el nuevo discurso estuviera triunfando incluso en el corazón del adversario.

La teoría de las clases forma parte del núcleo del marxismo a pesar de que no encontramos en Marx una doctrina inequívoca sobre las clases sociales. A menudo Marx explica que lo que da contenido a una clase social es la posición compartida por muchos en el sistema productivo, un estilo de vida, una cultura, unos intereses comunes; otras veces añade que lo que constituye formalmente una clase social es la conciencia de poseer en común tal lugar en el sistema productivo, tal género de vida, cultura e intereses. Sin embargo, lo específico del análisis marxista no está en el reconocimiento del carácter clasista de la sociedad capitalista y de otros sistemas sociales, sino en la conceptualización del sistema de clases como lucha inevitable entre explotadores y explotados y en el uso del concepto de lucha de clases como la clave de explicación de todos los dinamismos sociales.

El análisis de la forma en que se desarrolla la lucha de clases en la sociedad capitalista le permite a Marx realizar unas previsiones sobre el desarrollo futuro del capitalismo: debía producirse, según él, la máxima polarización del sistema de clases, la mayor concentración y centralización de la propiedad y la consiguiente pauperización de las masas obreras, agudizada por las crisis periódicas que sacuden el mercado capitalista. Esos fenómenos debían favorecer el desarrollo de una conciencia revolucionaria entre el proletariado y el estallido revolucionario que diera lugar a una sociedad sin clases. Según Marx, era en los países de capitalismo maduro (los más industrializados, los más polarizados socialmente, con una clase obrera más amplia, sensibilizada y organizada...) donde se darían las condiciones idóneas para una revolución proletaria.

Las dificultades del marxismo para explicar lo sucedido en los países capitalistas más desarrollados ha dado argumentos convincentes a quienes analizan la situación desde esquemas liberales y modernizantes. De acuerdo con ellos, los países "avanzados" representan el nuevo capitalismo capaz de superar por sí mismo la lucha de clases y de ofrecerse como la alternativa en la historia. Para el Primer Mundo, la historia habría acabado. La situación de los pueblos pobres se explica como "atraso" en relación a los países "modernos" o "avanzados"; para subir al tren del desarrollo económico sería imprescindible que efectuaran reformas internas. Las recetas neo-liberales de las instituciones rectoras de la economía internacional (BM, FMI) les marcarían el camino a seguir para integrarse plenamente en el mercado mundial.

Respecto de las clases sociales la lucha efectiva entre quienes se apropian de las cosas y quienes carecen de ellas, entre quienes, con sus formas de vida, causan daño a otros hombres y quienes los padecen sistemáticamente, no aparece de acuerdo con inexorables leyes históricas, pero constituye una posibilidad abierta en la constitución de cualquier sistema social. El egoísmo, la desigualdad y la lucha es, al menos en principio, tan "natural" como la igualdad, el acuerdo y la paz.

Como dice Joan Albert Vicens: " lucha no es formalmente una lucha de clases en el sentido marxista clásico: la explotación laboral del hombre por el hombre, en la medida en que signifique dolor y frustración para el explotado, expresa sólo una posible estructuración del mal social, es tan sólo una forma posible de dependencia y explotación y no siempre la más dañina. Guiddens ha preferido entender por explotación "cualquier forma socialmente condicionada de producción asimétrica de oportunidades vitales". Existen hábitos sociales que, sin implicar explotación laboral, marcan con el dolor, la exclusión y la muerte la existencia de seres humanos y de pueblos: pensemos en los hábitos de consumo del Primer Mundo que ponen en peligro la viabilidad ecológica de la Tierra y comprometen el futuro de la humanidad entera y, especialmente, de los más pobres; pensemos en las barreras psicológicas, legales y materiales que se alzan en el Primer Mundo contra los emigrantes del Sur (que paradójicamente son barreras a la explotación laboral y que, sin embargo, son también "explotadoras" por generar y aumentar sistemáticamente la desigualdad y la pobreza); pensemos, en fin, en la expansión mundial de las formas de vida occidental a través de la TV, el cine o la publicidad, que acaban con los estilos de vida y los valores que constituyen la identidad espiritual de los pueblos más humildes".

En cualquier sistema social se regula el acceso a las cosas, su manipulación, su producción y distribución. En la actualidad, el mercado es la estructura de actitudes económicas que determina la relación de la humanidad entera con los bienes de la Tierra: el mercado integra en un sistema único de interrelaciones a quienes lo hegemonizan, a quienes se someten a sus condiciones y a los forzosamente excluidos de él. La diversidad de capacidades de mercado es un hecho. Esta diversidad de capacidades determina un proceso de estructuración de las relaciones entre los seres humanos que da lugar nuevamente a algo que llamamos clases sociales. El propio Vicens corrobora: "esos mecanismos de diferenciación y explotación característicos de las sociedades capitalistas actúan hoy a nivel mundial. Tiene sentido, pues, hablar de clases en la sociedad mundial".

Este mismo autor, si bien aclara que el mundo actual sigue diferenciado en clases sociales, tal cual como lo entendió Marx, hoy en día estas clases son globales, y ya no es papel de los más desposeídos conducir la Historia, sino de la sociedad mundial completa. Nadie puede sustraerse de tal responsabilidad: "La confianza en la fuerza revolucionaria de los más pobres debe formar parte más bien de la apuesta por el carácter abierto de la esencia humana, que de una concepción cerrada de la historia que conceda a los explotados y marginados un papel determinado que deban cumplir. Sólo así nos abstendremos de reclamar de los pobres que actúen de acuerdo con el papel que les toca en el guión de un drama que ellos no han escrito; así evitaremos recriminarles que no estén a la altura de sus tareas históricas; sólo así recuperan, como cualquier ser humano, cierta libertad para la generosidad y el heroísmo. Si los explotados y marginados no son el sujeto de la historia, ¿a quien corresponde esa función? Si de sujeto se quiere hablar, no hay otro sujeto que el cuerpo social entero constituido por el sistema de habitudes. La humanidad entera es hoy la que protagoniza la historia en la medida que da cuerpo a un sistema unitario de formas de vida. Las formas de vida de cualquier persona están integradas en ese sistema y, en la medida en que cada ser humano puede hacer siempre algo por cambiarlas, puede contribuir a cambiar también el sistema social. Por lo tanto, ningún hombre está libre de responsabilidad por el dolor, el hambre, la marginación, que puedan sufrir los demás, ningún hombre queda exonerado a priori de la tarea de enfrentarlos y combatirlos" .

d) Conclusiones ¿Caída de un modelo o de un método?.

Al parecer, quienes hicieron sonar las trompetas de la Historia anunciando el fin del marxismo, equiparándolo con el fracaso de los regímenes socialistas del este europeo, no hacían otra cosa que plantear un deseo como realidad inobjetable. Esto resulta de una confusión entre lo que ha sido el pensamiento marxista en occidente, y el corpus ortodoxo y leninizado del marxismo impuesto por el partido comunista soviético , especialmente tras la ascensión de Stalin al poder de la URSS.

Muchas de las ideas surgidas del marxismo crítico, forman hoy parte de las políticas sociales de los países europeos, del surgimiento del estado del bienestar, del eurocomunismo, incluso de algunas figuras del liberalismo. Autores como Gramsci pertenecen a esta corriente de pensamiento, aunque como pensadores independientes, y no acólitos de una teología inexpugnable. El pensamiento de Marx debe ser entendido como un método de acercamiento a la realidad, y no como la realidad misma. Sólo así puede convertirse en una herramienta de análisis sociopolítico. Los principios sobre el desarrollo del capitalismo, la estructuración clasista de las sociedades modernas, la influencia del modo de producción en la configuración de la del Estado y la alienación, son ideas que conservan hoy en día vigencia plena, y no se han derrumbado por la crisis política y social de los "socialismos reales".

Hoy en día, el pensamiento de Marx debe ser asumido como toda teoría sociológica: sólo una teoría, y no como una praxis histórica. En principio, siempre lo fue hasta que Lenin generó la idea del partido vanguardia; el de los iluminados que estaban llamados a guiar la acción. Actualmente, el pensamiento marxista es mucho más que Marx, e incluye a todos aquellos que lo repensaron: Lukáks, Rosa Luxemburgo, Gramsci, etc. El marxismo es una herencia de occidente y un fruto de su cultura, querámoslo o no, sin embargo, actualmente debe ser asumido como sujeto de síntesis, transformación y reinterpretación. Ya no es posible, hacer de él, una lectura fundamentalista. Pero eso no significa asumir la postura de los "sepultureros" que rápidamente ponen una lápida sobre el pensamiento, como si fuese un producto desechable. Como dice Josep Fontana: "...la grosera irracionalidad del infinito número de críticos que se limitan a repetir que el fracaso de los regímenes del este europeo, demuestra la caducidad del pensamiento marxiano -lo cual es tan coherente como sostener que la crisis de las cajas de ahorro norteamericanas demuestra la caducidad del modelo de Adam Smith" .

No podemos hoy enterrar un corpus de ideas como si 100 años de pensamiento no hubiesen engendrado más que mentiras o quimeras. Olvidar las enseñanzas sobre los peligros de un liberalismo del "dejar hacer", sobre los padecimientos de las clases más desposeídas, o sobre la alienación de la sociedad moderna, no es más que desconocer la realidad y asumir ciegamente otra ideología: el neoliberalismo.

Bibliografía.

Jean-Yves Calvez. ¿Qué quedará del marxismo? «Selecciones de Teología», 125(enero-marzo 1993).

Cf. A. Guiddens. La estructura de clases en las sociedades avanzadas. Alianza. Madrid, 1980.

Antonio Gramsci Antología, M Sacristán (Ed), siglo XXI, México 1970.

Antonio Gramsci. Pasado y Presente, Ed Granica, Buenos Aires, 1974.

M. Vargas Llosa. El perfecto idiota latinoamericano. EL PAÍS, 11/2/96 (fichero Internet de Periódicos).

Joan Albert Vicens. La lucha de clases en la sociedad mundial. Yahoo, España (.es). Internet, junio 1997.

Josep Fontana. La Historia después del fin de la Historia. Editorial Crítica, Barcelona, 1992.

Luis Vitale. Introducción a una Teoría de la Historia para América Latina. Planeta, BBAA, 1992.