Se dice de los Fenicios...

por Manuel Gárate Ch.

Al igual que el archiconocido chiste de "los fenicios" (aquél donde el niño sólo estudia y responde lo relativo a este pueblo para no tener que memorizar lo importante sobre griegos y romanos), los firmantes del documento "La Fuerza de Nuestras Ideas" también contestan aquello por lo cual no se les ha interpelado. Me explico:

Hace aproximadamente 20 días, un grupo transversal de personalidades concertacionistas (curiosamente casi todos funcionarios o ex funcionarios de gobierno) firmaron un documento como respuesta a las críticas crecientes que ha recibido la alianza en sus casi 10 años de gobierno. El texto, más allá de juzgarse como "autocomplaciente" por los estigmatizados "autoflagelantes" (qué gusto por el lenguaje religioso) olvida hechos que no pueden ser pasados por alto.

En primer lugar, la tarea prioritaria en 1989 era reestablecer el régimen democrático perdido en 1973, cosa que obviamente y a ojo de buen entendedor no se ha cumplido de acuerdo a cualquier definición reconocida de Democracia. Sigue plenamente vigente la Constitución de 1980 (aceptada a regañadientes en un primer momento, pero actualmente en incestuosa convivencia), los senadores designados, el Consejo de Seguridad Nacional, el sistema binominal, el nombramiento de los comandantes en jefe de las FFAA, etc. A esto, nuestras distinguidas personalidades contestan: Chile ha recuperado la libertad, la dignidad y la democracia; Chile ha crecido más en estos 8 años que en todo el resto del siglo. El país se ha reintegrado plenamente a la comunidad internacional. Responden con los fenicios.

En segundo lugar, en 1989 se planteó que la recuperación de las libertades y la justicia para los caídos y desaparecidos era una tarea primordial del gobierno. En Informe Verdad y Reconciliación fue un comienzo que abruptamente se convirtió en el corolario de todos los esfuerzos por esclarecer -al menos- la verdad de lo ocurrido con tantos chilenos tras 1973. Posteriormente, salvo la condena de Manuel Contreras y Pedro Espinoza (irrisoria de acuerdo a la gravedad de los crímenes), poco y nada se ha avanzado en aras de "olvidar el pasado", "mirar hacia el futuro", "superar las viejas enemistades", como eufemísticamente se trata el tema. El asunto de las violaciones a los derechos humanos no puede ser enterrado por el tiempo, pues es saludable para toda sociedad esclarecer su historia, para no tener que repetirla irremediablemente. Es un tema de Estado no de sensibilidades o voluntades. Nuestras destacados personeros apenas rozan el tema y nos dicen: "Chile debe sostener con firmeza (¿fuerza?) su actual modelo de desarrollo para crecer durante los próximos 10 años al menos al mismo ritmo de la década de los 90". Otra vez los fenicios.

En tercer lugar, cuando fue "derrotado" Pinochet, la Concertación contaba con un corpus de ideas relativamente claro respecto del modelo económico imperante. El concepto de "Neoliberalismo" no fue acuñado por una izquierda trasnochada, como se ha querido hacer aparecer hoy en día. Eran palabras de Alejandro Foxley y tantos otros economistas e intelectuales de la alianza en sus numerosos estudios sobre la economía en dictadura. En 1989 se planteaban críticas de fondo al sistema de pensiones (AFP) y a las Isapres, pero actualmente NADA ha cambiado y -peor aún- se defienden internacionalmente como experimentos exitosos de crecimiento y desarrollo social ( en el intertanto ni siquiera el cheque en garantía ha desaparecido como condición inevitable para para recibir atención de salud). Qué sería de la Concertación sin el apoyo de la CUT en los años 80. ¿Qué queda hoy de la CUT? Abandonada a su muerte por la asfixia de leyes laborales (si es que pueden llamarse así) propias de los albores de la revolución industrial. Fácil resulta culpar de todo a la oposición. Hoy en día, los trabajadores son vistos como elementos disidentes y peligrosos para el modelo, y no como los aliados en la lucha por la democracia. Es cosa de ver quienes y en qué proporción acompañan al presidente en sus giras al extranjero. No es de extrañar, entonces, que la izquierda extraparlamentaria aumente su votación.

Peor aún es recordar la críticas a las privatizaciones, cuando hoy se escucha que el Estado carga con "grasa" . Puedo recordar que nuestro país dio origen a su clase media en los años 30 y 40 gracias a esta "grasa" que tanto molesta y más de algún pariente nuestro debe haberse educado en algún liceo grasoso. Resulta que en manos privadas, esta grasa se convierte -casi por arte de magia- en combustible de alto octanaje. Baste recordar lo que dijo hace pocos días el ministro Aninat respecto a que antes del año 2000 la única empresa sin privatizar será Codelco.¿Se prometió esto alguna vez en 1989?¿La gente votó por esto? Nuestras distinguidas personalidades nos dicen en el documento: "Cualquier desviación respecto de los elementos matrices de nuestro esquema de desarrollo tendrá un alto costo para el país. Rompería la continuidad laboriosamente lograda en la conducción de la economía y abriría las compuertas para experimentos populistas, tantas veces fracasados en otras latitudes, nacidos más de la impaciencia que del rigor". Claro pues, los chilenos somos hijos del rigor, y quien mejor para ejercerlo que nuestro inigualable Capitán General. Otra vez nos responden con la economía, es decir, los fenicios de nuevo.

Ante todas estas críticas, le respuesta es siempre que falta tiempo, y que en un próximo período podría avanzarse más en estas materias. La inefable idea del "Futuro Esplendor" ¿Hasta cuando digo yo?

No se les puede criticar el haber conducido mal el modelo económico heredado del gobierno militar. Al contrario, en cifras macroeconómicas lo ha hecho excelente; nota 7 ¿Pero se les eligió para eso en 1989 y 1993? ¿Qué prioridad tenía el tema de la economía en el primer programa de la Concertación?¿No era esa acaso la prioridad de Büchi?¿Porqué votamos NO y elegimos a Aylwin en 1989? ¿Lo hicimos para crecer un 7% al año? Será que mi memoria me juega malas pasadas. A estos señores sólo se les pide que sigan aquello por lo cual se apoyó a sus partidos: Democracia, justicia, equidad y proteger al estado como puntal de todo lo anterior. Quienes hoy abogan por esto son considerados: "populistas, impacientes, autoflagelantes, fundamentalistas, trasnochados o integristas". Yo diría que sólo exigimos aquello que se nos prometió, y que no se nos venda gato por liebre (economía por democracia). No otra vez con los fenicios.

Manuel Gárate Chateau
Grupo Propolco
Licenciado en Historia UC
Magíster (c) Ciencia Política U.CH.